BREVE RESEÑA HISTÓRICA.

Las razas bovinas, conocidas como criollas, fueron originadas de los ganados introducidos por los conquistadores españoles en el segundo viaje de Colón, 1493. Los primeros becerros, cerdos y ovejas fueron embarcados en el puerto de Sevilla y desembarcaron en la isla de La Española, hoy Santo Domingo. Treinta y dos (32) años después se autorizaron las exportaciones hacia tierra firme. Las vías de entrada a Colombia fueron: Santa Marta (1525), con su fundador, Don Rodrigo de Bastidas; Cartagena (1533), por los hermanos Heredia; las anteriores importaciones dieron origen al ganado criollo que pobló la Costa Atlántica colombiana, hoy conocido como Costeño con Cuernos. A la Guajira (1542) Don Pedro de Lugo introdujo los ganados que posteriormente emigraron al interior del país, dando origen, entre otros al Chino Santandereano.

El ganado que pobló el oriente colombiano provino de las importaciones hechas de La Española a La Isla Margarita (Venezuela). Don Diego Fernández de Serpa (1549) introdujo desde la isla Margarita a tierra firme el ganado con el que tres años después, Nicolás de Federmán llevó a la población de Coro (Venezuela) y que más tarde, en 1535, Jorge Spira trajo a los Llanos de San Martín, por la ruta de Arauca, Casanare y Barranca de Upía, dando origen a los ancestros de los hoy conocidos como Casanare y Sanmartinero (SM).

El ganado que pobló el sur oriente colombiano y que dio origen a las razas Hartón del Valle y Blanco Orejinegro provino también de La Española, pero por la ruta de Pizarro, a través de Panamá y Guayaquil. Sebastián de Belalcázar, fundador de Cali, es el responsable de la formación de la ganadería del sur oriente colombiano.

DESARROLLO Y EVOLUCIÓN

Las razas criollas, hasta comienzos del siglo 20, fueron la base de la ganadería de carne y leche de las regiones de clima medio y cálido del país; sin embargo, actualmente su población se encuentra en vías de extinción, debido a múltiples factores, pero principalmente, al uso indiscriminado, sin ningún criterio zootécnico, de cruzamientos con razas foráneas de alto potencial productivo, en ambientes y condiciones de manejo más favorables que los del trópico húmedo de nuestro país; a la carencia de incentivos para el uso de estas; a la falta de investigación con el énfasis necesario en las características o productos más sobresalientes de ellas; al avance tecnológico y a la introducción de nueva maquinaria que reemplazó a los animales de trabajo y transporte y finalmente, al snobismo que nos caracteriza o, en otras palabras, a la falta de arraigo y valoración de nuestra propia riqueza natural.

PROGRAMAS DE CONSERVACIÓN

La pequeña población de bovinos criollos existentes hoy en el país sobrevive gracias a los esfuerzos del Estado colombiano. En la década de los años treinta, el Ministerio de Agricultura, consciente del valor económico que los animales criollos tenían para la producción y en consideración a la drástica reducción de la población que se venia presentando, determinó que el 25% de los hatos debían estar conformados por este tipo de animales y estableció los primeros grupos de conservación en la Granjas de Montería (Costa Atlántica) con ganado Romosinuano (1936); en 1940, en Valledupar (Costa Atlántica) y El Nus (zona montañosa de la cordillera Central) con ganados CCC y BON, respectivamente. En el año de 1950, en la granja de Iracá (piedemonte llanero), se conformó el primer grupo de ganado Sanmartinero. Otras entidades como la Secretaría de Agricultura del Valle (1935) y el Fondo Ganadero de Santander iniciaron programas de conservación de bovinos Hartón y Chino, respectivamente.

Paralelamente a la estrategia de conservación, el Departamento de Investigaciones Agropecuarias (DIA), luego el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y actualmente la Corporación de Investigación Agropecuaria (Corpoica) adelantaron programas de caracterización morfológica y zootécnica y de mejoramiento, hacia la producción de leche, del BON y CCC y hacia la producción de carne, el Romo y el SM; así mismo, establecieron programas de hibridación para la producción de leche y carne con razas de origen europeo como Jersey, Holstein, Pardo Suizo, Charoláis y Santa Gertrudis y con Cebú (Brahman), la raza más difundida en la zona húmeda del país. El Hartón fue seleccionada para la producción de leche y utilizada como la base genética para la formación de la raza sintética de doble utilidad Lucerna. El Chino, al igual que el BON, ha sido utilizado como raza de triple utilidad: carne, leche y trabajo.

La Gobernación del Meta no ha sido ajena a los anteriores desarrollos y posee, en la Granja Iracá San Martín (Meta), un importante grupo de conservación y fomento de la raza Sanmartinera y no contenta con esto, no ahorró esfuerzos para, en cooperación con CORPOICA, dar un nuevo impulso a los casi extintos núcleos de bovinos criollos y permitir que los visitantes al Parque Las Malocas tengan la posibilidad de, en un mismo ambiente, apreciar estos maravillosos animales, orgullo de nuestro raigambre criollo y factores esenciales para el desarrollo eficiente de nuestra ganadería.

Estado actual y características fenotípicas y de comportamiento.

El censo realizado en el año 1999 reportó 23.473 animales de las diferentes razas criollas. Las características externas comunes en ellas son el pelaje de color amarillo, excepto en el BON; presencia de cuernos, excepto en el Romo; orejas pequeñas; piel pigmentada y ombligo corto; desprendimiento alto de la cola y estrechez de ísquiones, toros con cuello fuerte y musculoso. Las razas de menor y mayor tamaño son el Casanare y el Sanmartinero, respectivamente. Con excepción del Casanare todas poseen mansedumbre natural.

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